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“Tiene un sentido del humor negro muy inteligente”, dice Marcelo Cezán sobre el actor.

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La gracia de ser Abello

El actor colombiano ha dejado atrás a Betty y su Eco Moda para inyectarle talento y humor al drama de millones de inmigrantes en este país

Por María Morales

Lo único que Jorge Enrique Abello tenía en mente ese día el verano pasado era entregarse en cuerpo y alma a un reñido juego de tenis de pared en su natal Bogotá. Pero una llamada de un par de productores le cambió el rumbo a su vida en un abrir y cerrar de ojos. La oferta que oyó en la línea telefónica: Ven a Miami y dale ese toque de gracia muy tuyo al protagónico de una nueva telenovela hecha pensando en los latinos que han emigrado a Estados Unidos. ¿Inmigración, amor y humor? La mezcla resultó irresistible para Abello. “En diez días ya estaba dentro del equipo acá”, dice el actor hasta entonces mejor conocido por su papel del enamoradizo, gritón y a veces déspota Armando Mendoza en la inigualable serie Betty la Fea. “Me pareció interesante cambiar de lugar, cambiar de país, cambiar de todo”.

Todo menos su pasión por lo que mejor sabe hacer. En su papel de Eduardo Contreras en la serie Anita, no te rajes (Telemundo), que está en sus últimos capítulos, el actor de 37 años se ha lucido manejando el drama y la sátira, el romance y la risa. “Jorge es un artista completo”, asegura Aurelio Valcárcel, productor ejecutivo de Anita, no te rajes. Agrega su Anita y coprotagonista, la actriz mexicana Ivonne Montero: “Es maestro en la comedia y es muy dado a ayudarte, a enseñarte. Sabe de actuación. Sabe de dirección. La verdad es que sabe su chamba”.

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“Que Jorge esté en el set es una garantía que uno se la va a pasar bien”, dice Montero (izq.), quien comparte créditos con Abello y Natalia Streignard en Anita, no te rajes.

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Y pensar que con todo su éxito frente a las cámaras, al iniciar su carrera en Colombia, Abello tenía en mente permanecer detrás de ellas. “Yo he trabajado para ser director, para eso me preparé”, asegura Abello, quien está casado con la comunicadora social Marcela Salazar y es padre de una niña de 3 años, Candelaria. “Pero un día faltó un actor en una serie y uno de mis compañeros de trabajo me dijo: ‘Por favor, cúbralo usted’ ”. El papel pautado para dos capítulos se alargó a 12, y el hasta entonces esporádico actor de videoclips, documentales, programas pilotos y teatro se convirtió en estrella de televisión.

Aunque para decir la verdad, a Abello le incomoda ese título. “No pretendo ser una estrella, un divo, un galán”, dice con convicción. “A mí me gusta representar gente, seres humanos”. También le gusta observarlos, pero sin ser reconocido. “Me encanta sentarme en algún lugar a ver gente”, confiesa riendo. “El mejor lugar donde lo puedo hacer es en mi carro porque tiene los vidrios oscuros. Yo los veo, pero nadie me ve a mí”.

Su don de observación es un arma de doble filo cuando lo une a la actuación, asegura el director de Betty, Mario Ribero Ferreira. “Con él hay que cuidarse porque es un mago imitando a la gente”, dice Ribero Ferreira de su amigo, en sí un asiduo lector, especialmente de las obras de Jorge Luis Borges. “En las grabaciones de Betty, nos mataba de la risa con eso. Bueno, la cosa era más dramática cuando te imitaba a ti”.

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“Si piensas que eres mejor que nadie por tener una mejor posición en el medio del entretenimiento, estás muy equivocado”, recalca Abello.

En sí, Abello se pasó la niñez queriendo imitar lo que veía en la televisión. “Quería ser como todos los muchachos: bombero o vaquero o astronauta”, recuerda Abello, uno de cinco hermanos (uno ya fallecido) nacidos del matrimonio de Alberto Abello, ejecutivo colombo-venezolano, y Heidy Moreno, pintora bogotana. “La única manera que pude combinar todas esas profesiones fue con la actuación”.

Un niño inquieto, Abello sufrió en sus estudios debido a una dislexia que no le fue diagnosticada, sino hasta en la universidad. “Confundía las letras, los números”, dice Abello, quien muere por volver a dirigir algún día. “Me tocaba estudiar más que el doble porque estudiaba y no tenía resultados”.

Su perseverancia se impuso entonces, dándole paso a una vida llena de fuertes emociones (¿recuerdan la locura mundial de los fans de Betty?) y privacidad. “No salimos mucho”, dice Abello de su núcleo familiar que espera crezca con la llegada de más hijos, ya sea en Miami o de regreso en Colombia. “Siempre estamos en casita y qué rico es”.

Revista People Mayo 2005